sábado, 1 de junio de 2013

La importancia de transmitir el mensaje

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Analicemos en detalle cada uno de estos elementos moleculares que le dan forma a la conducta asertiva:
· Mirar a los ojos. La mirada huidiza es típica de las personas inasertivas. Ellas buscan desconectarse en vez de conectarse, escapan a cualquier tipo de contacto y especialmente al contacto ocular; los ojos hablan y esculcan. La mirada siempre nos desnuda y nos pone frente a frente con lo que somos. Sostener la mirada es una manera de mostrar valentía y también abrirse a la indagación del prójimo. El asertivo no escapa a la mirada, la sostiene el tiempo necesario para establecer un buen acercamiento. ¿Qué sentimos cuando alguien nos esquiva la mirada? Dos cosas: desconfianza, porque suponemos que tiene algo que esconder, y rabia,  porque al ignorarnos no nos considera un interlocutor válido.
· El volumen de voz. La voz poco audible produce incomodidad. Las personas que se sienten intimidadas por los modelos de autoridad suelen bajan los decibeles abruptamente. La creencia es que si menguamos el volumen, el impacto del mensaje no alterará tanto al receptor. Los inasertivos utilizan un volumen de voz demasiado bajo, lo que dificulta la comunicación, además de dar una mala imagen. ¿Qué impresión nos llevamos de alguien que habla con un volumen de voz bajo? Sería evaluada como una persona tímida e insegura.
·  Modulación y entonación de la voz. Hay personas que hablan como una computadora de ultima generación. Son planos, aburridos, sin inflexiones y supremamente monótonos. La entonación comunica sentimientos, nos hace humanos, nos hace simpáticos, empáticos o antipáticos. La amistad va de la mano de la entonación, porque los amigos se cantan la amistad cuando hablan. Y los que no se quieren, lo hacen con sarcasmo, cinismo o desinterés, es decir, con entonaciones odiosas. Conclusión: las relaciones humanas son musicales. Conozco personas a las que nos se les distingue la pregunta de la afirmación, deslucen en cada conversación carecen de oído. La entonación siempre implica interés: si nuestro interlocutor es parco, no nos sentimos queridos. El lenguaje que no se saborea es una proclama leída en otro idioma, no se entiende ni se degusta. ¿Qué sentimos cuando alguien no habla con una entonación podre y sin modulación efectiva? Aburrimiento, desconexión un peso en el cerebro y pereza de responder.
·  Fluidez verbal. La fluidez verbal requiere espontaneidad y seguridad. Los tiempos muy largos de respuesta, donde se piensa demasiado, crean angustia en el que está esperando el mensaje. Hay individuos que se demoran siglos en contestar como si cada conversación fuera una cuestión de vida o muerte. Sin embargo, la mayoría de las relaciones interpersonales no son tan trascendentes como para poner a funcionar todo el sistema cognitivo a su máxima potencia. Si nos dicen: “Hola, ¿cómo estás?”, no tenemos que hacer una revisión exhaustiva sobre nuestra calidad de vida en los últimos meses o elaborar el trauma de la primera infancia. Las personas inseguras creen que cada pregunta es un problema que deben resolver. Los inasertivos utilizan un arsenal de recursos  de recursos inadecuados: circunloquios, muletillas (pues…, este…, bueno…), silencios entre frase y frase, repeticiones y aclaraciones innecesarias, disculpas reiteradas, insinuaciones en vez de afirmaciones, en fin rodeos y ambages de todo tipo. ¿Qué sentimos cuando estamos hablando con alguien que carece de fluidez verbal? Impaciencia, desesperación y ganas de sacudirlo.
·  La postura. La postura de los sumisos es inconfundibles. El cuerpo suele estar más inclinado que su interlocutor y la cabeza un poco más agachada de lo normal, dando la impresión de una reverencia sutil. La postura comunica actitudes, y el inasertivo, con su sola presencia física, demuestra que lo único que desea es no molestar ni someterse. Algunos adoptan el saludo militar y luego de una imperceptible genuflexión agregan un apaciguado: “Sí, señor”. (…) ¿Qué sentimos cuando una persona se inclina ante nosotros de manera servil? Rechazo y distanciamiento. Es difícil acercarse afectivamente a alguien que no se respeta a sí mismo. La sumisión, al igual que la cobardía y otras debilidades, produce rechazo. (A no ser que el delirio de grandeza nos active el efecto “sube y baja”: Cuando más se inclina el otro, más levantamos la cabeza.)
· Los gestos. El gesto es la entonación del cuerpo. Es el que acompaña físicamente al lenguaje y completa su sentido. El gesto es lenguaje no hablando, silencio que delata, expresión en estado puro. Se puede gesticular con todo el organismo, pero es en el rostro donde más se configura lo que somos. No sólo miramos a los ojos, también observamos las arrugas, las cejas, la boca, las comisuras, la nariz, las orejas, y todo a la vez. Los gestos de los individuos no asertivos suelen estar desfasados con respecto al lenguaje hablado. Hay cierta ambigüedad en el mensaje. Puede asegurar que están alegres, pero se les ve tristes, y viceversa. De manera similar a lo que ocurre con la entonación, las expresiones gestuales suelen ser frías, impasibles y serias, como si los músculos de la cara estuvieran anestesiados. ¿Qué sentimos cuando estamos frente a una persona con poca expresión gestual? Desconcierto, incertidumbre, desconfianza.(…)”
        
Riso, Walter, Cuestión de dignidad. El derecho a decir NO. México, Océano, 2012, pp. 123-126.

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